Un día, común pero menos corriente que el resto, Adrián se despertó, al medio día, bañado en un sudor frío que recorría su torso desnudo hasta el obligo, y por detrás, más debajo de sus truzas blancas. No era miedo, ¿exaltación? Tal vez ¿Deja vú? ¡No! Él no cree en esas cosas; se levantó rápido y aún secándose la frente, se mira al espejo y se encuentra precioso.
Su piel nunca brilló más y su cuerpo lucía perfectamente, pegado cada parte al músculo, el color blanco de su ropa interior resguardaba un trozo abultado de sex appeal. Tiró su expresión de asombro a la basura y decidió desnudarse y correr por su departamento, disfrutaba esos momentos de locura, desde que vivía solo, pero extrañaba aquellos como la convivencia o el ruido de alguien más del otro lado de la pared.
Al pasar por el baño, decidió permanecer inmaculado, no se arriesgaría a que el agua y el jabón lavaran su explosiva hermosura. Tomó un toalla, y al saberse exquisito, fue a la sotegüela trasera y se tendió desnudo, exhibicionista, expectante; quería broncearse con el sol citadino.
El vecino de enfrente salió, como siempre, puntual, a fumarse su cigarro de la 1 de la tarde, y se topo con Adrián desnudo e inadvertido, o por lo menos eso supuso. Siempre coqueteaban en un acto exhibicionista-vouyerista. Como casi siempre, Adrián se puso de pie, y empezó a exhibirse retador, y al ver que su espectador reaccionaba con forme lo habitual, se marchó a la mitad.
-No voy a desperdiciarme hoy contigo.- dijo mientras cerraba el ventanal. Un poco irritado por la irrupción, decidió tomar un baño, al fin que virgen ya no era. Literal. Una vez finalizado, se vistió sexy y salió a caminar bajo el sol, gracias a su gran seguridad y su repentina hermosura, para Adrián no era tan difícil conseguir lo que quisiera.
Caminó de largo por la zona cercana a su “piso”, como le gustaba exagerar, caminó de largo sin rumbo fijo, pero con una sola meta en la cabeza, poner a prueba su hermosura. Al caminar por los cafés aledaños, se topo con varias miradas indiscretas que se posaban justo en los vaqueros blancos entallados que le gustaba usar, con esa playerita de tirantes azul, que dejaba ver sus pectorales pequeños pero bien definidos, su piel tenía un bronceado natural, era como si viviera eternamente bajo el sol.
A cada paso que daba probaba y comprobaba que no era una persona más en este mundo, las personas que lo volteaban a ver lo hacían por envidia, lujuria o crítica, pero nunca pasaba invisible. La mirada masculina era la que más le gustaba e inquietaba al mismo tiempo, apretaba el trasero y caminaba firme para que lo notaran sus admiradores furtivos. A los poco metros se topa con algo que lo deja boquiabierto.
Un elegante señor de negocios, con barba cerrada y traje impecablemente perfecto para su cuerpo, un trasero delicioso y unos brazos, anchos y fuertes, para hacer el juego más candente, él no notó la presencia de Adrián. Éste, frenó de repente y se sacudió el espasmo provocado por la indiferencia y camino de reversa unos pasos hasta quedar justo enfrente de él.
-¿Perdón pero, acaso tú estás ciego?- preguntó importuno al ejecutivo, el cuál lo volteo a ver y siguió su paso. Adrián voltea su cuerpo y lo sigue decido a obtener una respuesta, esto ya no era cuestión de juego, era por dignidad propia.
El hombre no presintió que era seguido, camino y se metió por entre las calles vacías buscando un pedazo de comida rápida y regresar a trabajar. Se sentó en las mesas al aire libre de un café francés a dos cuadras del piso de Adrián, y éste justo en la mesa contigua, sin soltar el celular aún, el hombre se quito el saco y lo colgó en un perchero, tomo su portafolios y lo dejo delicadamente en la silla desocupada de su mesa y se dirigió al baño.
Adrián quiso saber quien era y a que olía así que intempestivamente se levantó y reviso su saco y aspiro el aroma hasta casi desmayarse, un aroma a maderas nocturnas, buscó en los bolsillos alguna señal, para cuando una mano firme lo cogió in fraganti.
-¡¿Qué se te perdió?!- gritó fuerte y claro, sin hacer un gran escándalo. Adrián al sentirse descubierto no supo que hacer e improvisó.
-Perdón, pero no se si me recuerdas te hice una pregunta algunas calles atrás y me ignoraste, pero tu fragancia me dejo loco y quise saber cuál era. Espero no te incomode.
-Dolce & Gabbana.- dijo.
-Gracias, lo supuse. Adrián dio la vuelta y apresuro el paso, bajo la mirada y cuando iba a desaparecer de la escena se oyó esa misma voz prudente, ahora con un tono menos solemne.
-No, no estoy ciego, si te vi.- Adrián sonrió y levantó la mirada, dio media vuelta y… -¿Quieres algo de comer antes de coger, o tienes un lugar ya listo?- justo lo que Adrián quería oír.
Adrián dibujo una sonrisa muy pícara en los labios y tomó a su acompañante por las fuertes y anchas manos, él sólo alcanzó a tomar su saco torpemente y lamiéndose los bigotes como un gato antes de comer algo exquisito, siguió a nuestra estrella unas cuadras dentro al departamento solitario.
Deliberadamente irrumpieron en el edificio de Adrián envueltos en pasión y deseo tropezando con todo a su paso dejando detrás una maraña de escandalosos sonidos. Treparon las escaleras de caracol de mármol de aquellos viejos edificios de tres plantas. Den el primer descanso Adrián tropezó y quedó sujeto, de espaldas a las caderas del hombre en traje y al tratar de reincorporarse le fue imposible ya que un mástil lo tenía sujeto a esa posición.
Treparon más arriba hasta la puerta deteriorada por el nulo mantenimiento y casi inmediatamente, detrás de la puerta, entraron ellos comiéndose a besos y lengüetazos que recorrían desde el cuello hasta el pecho desnudo ya de Adrián. Él tomó riendas, se separo de su amante y lo traslado hacia la sala dónde abrió las cortinas y dejo que el sol de media tarde cobijara y desdibujara cada rastro de desnudez. Su piel brillaba como perlas…
Tirados en media sala, amándose con locura, Adrián sintió éxtasis mientras su pareja penetraba hasta sus entrañas, sacudía de la cabeza el exceso de placer con unos fuertes tirones, apretaba cada músculo en busca de alivio para tanta excitación, lo cual le provocaba más al sentir más cerca la virilidad de su dueño.
A cada arremetida Adrián pensaba menos y menos claro, el sudor del torso velludo del otro caía en el sexo de él y se evaporaba casi instantáneamente. El calor era inversamente proporcional a la pasión fundida en besos caricias fuertes y nalgadas de dominio sexual. Adrián estaba exhausto… satisfecho o no la droga era fuertemente adictiva, quería más.
Su amante aguantó su descarga y se despegó de dentro de Adrián, sin mayor espera, besó tan dulce como dominante a éste, que su orgasmo vino sin eyaculación. Como un maestro acróbata, cambió posiciones dejando descubierto el otro pedazo suyo, que lo hacía no sólo un hombre atractivo, sino perfecto. Montándolo por detrás casi parado Adrián penetro ese monumento y era tan exquisito el interior que no pudo contener su segundo orgasmo y eyaculó dentro.
Cayó rendido en la espalda de él, lo tomó en sus brazos, lo acomodó en el suelo y descargo su placer en el cuerpo desnudo de Adrián, mientras veía hacia la ventana y sonreía macabramente, Adrián levantó la vista y vio que tenían espectadores… lo que trajo un potenciador de placer en el acompañante.
Riendo aún, tomó su traje perfecto y vistió su cuerpo perfecto mientras Adrián estaba tirado, casi inmóvil por el cansancio y el placer, en el suelo mareado y con la mente en blanco. Al abrochar su corbata otra vez, delicadamente levantó la cabeza de Adrián y lo besó dulcemente.
-Gracias mi rey, de verdad no creí coger con alguien que luciera tan precioso a la luz, como lo haces tú.
Lo besó en la frente y salió del departamento sin dejar pista alguna. Adrián quedó dormido y lo despertó el frío alrededor de media noche, tomó un baño caliente y se metió a la cama, pensado…
“Si hoy me veo hermoso, mañana… tal vez más”
1 comentarios:
Sublime, del miedo a la lujuría pero al final flotas y flotas, no digo que sea malo. Me gustaría leerte con un final amargo. Sigo leyendo...
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