miércoles, 14 de marzo de 2012

¡Clic!

Un día cualquiera, de esos muy soleados, se encontraba ella, con lentes oscuros, pensativa, mirando el horizonte, en una esquina recargada en un binocular metálico, de esos que hay en cada esquina de la terraza de la Torre Latinoamericana, estaba sola. Pensando. Por su aspecto, parece que lleva más de dos horas ahí, en la misma posición de siempre. Respira hondo. Pausado. No puedo dejar de mirarla, quiero saber que está pensando, parece melancólica, es bella, de hecho, está hermosa.

-Clic- muevo el objetivo y enfoco su rostro, de cerca, su perfil –clic – la veo otra vez a través de mis ojos. Parece de unos veinte y tantos, tiene la piel clara, los labios carmesí, una nariz afilada y el pelo largo, lacio, castaño oscuro, viste una chamarra de piel y sus gafas parecen de motociclista. Tiene actitud, –clic – parece encantada, no nota que llevo largos minutos contemplándola, algo me llama mucho la atención.

-Desde aquí se puede ver casi toda la cuidad- le dice una chica al chico que la abraza por detrás.

-Sí, a tu lado derecho está el sur de la ciudad, si giras- lo dice mientras la gira de la cintura- a tu derecha sólo un poquito más verás Iztapalapa.

-Claro, ahora lo veo.- La chica está asombrada, los ojos le brillan.

De repente ella se irrita y camina hacia atrás, la miro de reojo y camino suavemente detrás de ella, cubriéndome la cara con la cámara –clic – al edificio de Banobras que se dibuja a la distancia, como en un cuadro de Juan O’Gorman. Se detiene justo en la esquina contraria, fija su vista en otro punto, el sol poniente le pega directo en la cara, pasó muy cerca de ella, no se mueve, me alejó.

Quita su cabello de su cara, sólo para que la lágrima le escurra por la mejilla, entonces –clic– baja la mirada, no contiene el llanto y lo deja salir. No quise importunar y me retiro. Me preguntó ¿Lágrimas por un (ex)amor? Entonces subo las escaleras de caracol y me dirijo un piso más arriba, a una terraza más reducida que en vez de cristales tiene mallas de metal, y veo muchas parejas, enamorados, novios, futuros novios, amigos tomándose fotos con la ciudad atardeciendo detrás. Pero algo llama más mi atención, mucha gente joven sola, pensativa, ¡Y cómo no! Este lugar es una invitación a la reflexión porque el aire que se respira es menso denso. Los colores amarillos, naranjas del atardecer desdibujan el color azul del cielo y sus nubes blancas, y chocan con los techos rojos de las casas circunvecinas.

Todas esas personas solas, parecen venir con la misma expresión, a excepción de este mirón con cámara en mano, están aisladas, pegadas a un lugar especifico mirando el horizonte, entonces recordé las lágrimas de la chica piso abajo, esas lágrimas de tristeza profunda, de melancolía dolorosa, de remordimiento.

En México cinco de cada diez personas vive deprimida, México alberga el 17% de las personas con depresión en el mundo, con alrededor de 20 millones 660 mil, según las cifras 2011 del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática. –Clic­. – El 11.2% de las mujeres han padecido depresión alguna vez en su vida, por factores genéticos u hormonales. La depresión es más común en las ciudades grandes que los pueblos o el campo; –clic –, la depresión es detectada de cinco a diez años después de dar sus primeros síntomas. El 50% de las camas en los hospitales siquiátricos, son ocupadas por pacientes que padecen depresión aguda, depresión recurrente, trastorno bipolar o intento de suicidio. –Clic. – Los adolescentes y jóvenes son los más propensos al suicidio, por diferentes razones, familiares o sociales.

No dejaba de pensar en estas cifras alarmantes mientras oprimía el botón y el obturador cerraba captando a la ciudad mientras atardecía, entonces bajé las escaleras otra vez, de prisa, quise encontrar a la chica y ofrecerle un comentario cálido. Miré el último lugar donde la dejé la última vez, pero ya no estaba allí. Entonces con una mirada periférica revisé toda la terraza y la encontré, sentada frente a una mesa, en medio de la habitación, sin lentes ya. Unos ojos claros llenos de pestañas adornaban su cara, y sus pecas le agregaban un aspecto tierno. Tuve ganas de abrazarla.

Me acerqué a ella, pero a cada paso que daba, las palabras se me iban, no pude decir nada, entonces me encontré yo mismo descubierto. Me encontré un poco melancólico, un poco triste, un poco deprimido, tal vez por eso, me cautivo la chica en un principio, porque al menos ella era honesta consigo misma y se permitió llorar.

jueves, 1 de marzo de 2012

Crónica de una fiesta patronal

“Y desde que vas entrando al pueblo, el papel picado que adorna los alambrados de luz, te indican que la fiesta ya empezó, los arcos que distinguen a Tepos, están recién pintaditos… Pasando la fábrica de cal, la gasolinera, al segundo tope a la derecha y en la primera casa sin zaguán, es la casa de la tía Paula y el tío Manuel” dice Gustavo López, mi primo.

Cada año, el primer viernes de cuaresma, los casi diez mil habitantes de la comunidad de San Pedro San Pablo Teposcolula, ubicada en la mixteca oaxacaqueña, festejan al Señor de la Vidrieras con una fiesta patronal que deja boquiabiertas a otras comunidades vecinas y de otros estados. Las misas empiezan nueve días antes con la tradicional novena, pero los preparativos para la fiesta comienzan un año antes, cuando se elige una familia para que sea el mayordomo de la fiesta del siguiente año.

Quienes son los encargados de dar de desayunar, comer y cenar, durante dos días consecutivos a todos los visitantes o lugareños que participen en la Labranza, un ritual donde se fabrican velas de cera largas que duren durante la procesión del año entrante. Este año me tocó visitar el pueblo, del cual mi madre es originaría.

Todos los habitantes de “Tepos”, como le dicen al pueblo que los vio nacer, ayudan a la familia mayordomo, ya sea con manos, dinero, maíz, frijol, alverjón, trigo, queso recién hecho o leche recién ordeñada; pollos –vivos-, o el tradicional tasajo, para preparar picaditas de huevo; o con chile de árbol para su tradicional salsa con tomate verde, o chile chipotle para los chiles rellenos de picadillo de puerco con pollo, fruta para el mancha manteles, o lo que puedan ofrecer.

Los jóvenes del pueblo que estudian en la Escuela Normal de Teposcolula o el Instituto Tecnológico de Teposcolula, ayudan en la organización de eventos culturales, y las festividades que, más recibir a los mismos habitantes, sirven como divertimento para los visitantes de los pueblos aledaños, la ciudad de México o los habitantes que vuelven desde Estados Unidos a su tierra.

Las velas fabricadas por las manos de los visitantes, deben ser depositadas en la iglesia, Templo y Ex Convento¸ con alrededor de 450 años de existencia, hecho por los dominicos, una obra monumental y majestuosa que es considerada como patrimonio cultural de la humanidad, el templo alberga la iglesia principal, una capilla al aire libre, un atrio del tamaño de cancha de fútbol americano, el ex convento, que desde el 2000 se convirtió en el museo oficial de la comunidad, el cual alberga la figurillas arqueológicas que se han sido descubiertas, en la reciente restauración y excavación; por supuesto es la casa del Santo Patrono del Pueblo.

En la plaza central, durante la semana que dura la fiesta, se inaugura un mercado de artesanías, donde se venden, mezcales, cremas de mezcal, chocolate, mole, textiles, artesanías hechas a base de palma y otras cortezas regionales, barro, collares de pierdas semipreciosas, cuarzos; se vende el pan tradicional de tepos, los burritos. Se pone una feria con juegos mecánicos para los niños casi adolescentes, juegos de destreza para las parejas, y un sonido a media calle para los que quieran bailar. Puestos de cervezas, dulces típicos, tacos al pastor, churros, algodones de azúcar, discos pirata, películas clones, en fin, es lo que se puede apreciar desde las 9 de la mañana hasta las 3 de la madrugada.

Durante el día, los eventos culturales son variados, desde representaciones de la Gelagetza, por parte del cuerpo de danza del centro cultural del pueblo; musicalización por parte de la Filarmónica de Oaxaca, o los círculos de lectura, que recitaban en voz alta de poema, por parte de la biblioteca regional, clases de pintura y de teatro para los niños. Y por la noche, los adultos eran atraídos hacía las apuestas, con pelea de gallos, un rodeo con corrida de toros, jaripeo, baile y hasta banda invitada.

También los eventos deportivos estuvieron presentes, como la carrera anual de ciclistas donde participaron tres pueblos circunvecinos a Teposcolula –Nochixtlán, Tlaxiaco, Huajuapan.- Hubo participantes de casi toda la republica, representantes del Distrito Federal, Guanajuato, Querétaro, entre otros estados. Se hizo la segunda carrera de caballos, patrocinada por la presidencia municipal, y Pepsico de Oaxaca. Los recursos recaudados iban para la escuela secundaria técnica #32.

Pero lo verdaderamente interesante, mucho más allá de la festividad del santo patrono de las vidrieras es, la organización de los pobladores de Teposcolula, esta organización social que abarca desde mujeres, niños, jóvenes, hombre, adultos y hasta ancianos, que a pesar de estar tan arraigados en prácticas machistas, todos tiene un lugar para participar y colaborar en una fiesta, que engrandece al pueblo. Y así me pregunto.

¿Quiénes serán más ciudadanos, la gente que vive en el pueblo, o la gente de la ciudad? ¿Quiénes? Los que recogen la basura de la plaza principal a las 7 de la mañana, después de haber alimentado a sus animales, de haber ido a cortar zacate para dar de pastar; los que mientras hierve el agua con café, barren las calles, donde se prendieron los fuegos artificiales una noche antes, o los que esperan que el gobierno de su localidad recoja la basura por ellos, los que esperan que pase el camión consignado a recoger la basura y sino pasa, la dejan sobre la banqueta en bolsas mal amarradas y sin la separación pertinente, aquellos que hacen tiraderos “provisionales”, porque el camión “dejó de pasar desde hace dos semanas” –como en Tláhuac.-

¿Quiénes son los más involucrados? Los que qué a pesar del abandono gubernamental del estado, se las arreglan para levantar los índices educativos, organizando cursos extracurriculares los sábados y domingos, con niños, jóvenes y adultos, dónde se comprometen a enseñarles a leer, escribir, pintar o bailar, tocar un instrumento o actuar en una pequeña obra, o aquellos que ignoran a los que piden limosna, a los campesinos, a los mercaderes o cargadores de verdura, los que estamos tan preocupados por el partido de fútbol, en vez de la cantidad de atención y la calidad cariño que nuestros hijos, hermanos o familiares, tienen en casa. ¿Los que a pesar de la falta de oportunidades, tiene maestrías en educación a los 26 años, o los que teniendo posibilidades, poseen miles y miles de “ninis” en sus filas?

¿Quiénes son los más preocupados por sus vecinos? Los que invitan a comer al pueblo entero una tlayuda con frijoles, o los que tiran la comida, porque ya nadie la quiere. Y muchas interrogantes así, surgen cuando un citadino visita una fiesta patronal, cuando se enfrenta a la cosmovisión de pueblo y la confronta con la suya de citadino. Entre más se involucra con la gente, más se sorprende de lo cálido que puede ser un mexicano, así que mientras la procesión da la vuelta tradicional por el pueblo, yo reflexiono sobre la importancia de mantener las tradiciones vivas, la relevancia de la unión vecinal y la participación ciudadana, el cuidado del medio ambiente y el involucramiento personal con las problemáticas que afectan a la comunidad donde vivo.